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martes, 19 de mayo de 2015

Monsanto/Syngenta: De gigantes genéticos a mega-monstruos agrícolas


Monsanto/Syngenta: De gigantes genéticos a mega-monstruos agrícolas

Una posible fusión de corporaciones de semillas y pesticidas podría llevar a un nuevo nivel de monopolio el primer eslabón de la cadena alimentaria global

Si se permite, la fusión entre dos gigantes globales de los agro-negocios podría concentrar aún más el poder de un puñado de compañías sobre el sistema alimentario del planeta, según un informe publicado ahora por el Grupo ETC.

Monsanto, con sede en Estados Unidos y la suiza Syngenta están negociando una posible fusión. Ya ahora seis empresas controlan el 75% de las ventas globales de semillas y pesticidas y la investigación y desarrollo que requieren. En el informe, titulado
Monsanto/Syngenta: Caracteres sinistros, el Grupo ETC argumenta que en vez de dejar que se consoliden aún más ese tipo de monopolios deberían romperse.

“Este pequeño grupo de compañías busca reforzar aún más el control que tienen sobre los abastos globales de alimentos, y para ello insisten en que necesitamos “agricultura climáticamente inteligente”, explica Pat Mooney, Director del Grupo ETC. Sin embargo, enfatiza el documento, las actividades de los gigantes de las semillas han ido debilitando la resiliencia de los cultivos que ya existen. Al enfocarse solamente en la resistencia a las plagas y en la manipulación genética y el fitomejoramiento, cualidades como adaptación a la sequía se han atrofiado.

Monsanto/Syngenta: Caracteres siniestros detalla cómo la unión de esas empresas podría detonar otra ronda de fusiones y adquisiciones entre las compañías de semillas, de pesticidas, la industria de fertilizantes y los titanes de la maquinaria agrícola.

“Semillas, químicos, fertilizantes, maquinaria e incluso los seguros agrícolas son los primeros eslabones en la cadena industrial de producción de alimentos”, explica Joëlle Deschambault, de la oficina en Ottawa del Grupo ETC. “Todos los insumos que utiliza el sistema industrial de producción alimentaria podrían quedar bajo en control de tres mega corporaciones.

Finalmente, más grande no equivale a mejor cuando hablamos de los amos del sistema global de producción de comida. Aunque los reguladores antimonopolios vigilen la fusión que se está cocinando, las empresas involucradas argumentarán que la concentración de poder y recursos es la mejor forma de alimentar al mundo ante la perspectiva de una crisis climática.
“Los mega-monstruos agrícolas aseguran que solamente los más grandes pueden alimentar al mundo”, dijo Verónica Villa de la oficina del Grupo ETC en México. “Han estado allí por décadas, y más de 800 millones de personas en el planeta aún sufren hambre y muchos millones más están muy mal alimentados.”

“De hecho entre más grandes son las compañías, gastan menos en investigación y más en relaciones públicas. Hablan de agricultura ‘climáticamente inteligente’, pero es sólo una excusa para evadir las regulaciones antimonopolios”, agregó Mooney. “Esos conglomerados agrícolas son como jugar al monopolio: una vez que se alíen, los agricultores serán forzados a pagarles por cada movimiento que hagan.”

El Grupo ETC ha seguido la pista a los agronegocios desde 1977, cuando las semillas eran controladas por los agricultores, y de los siete mil proveedores que había en el mundo, ninguno controlaba ni siquiera el 1% del mercado.

Si se permite que Monsanto y Syngenta se fusionen, la nueva compañía controlará el 54% de las ventas de semillas y una tercera parte de los pesticidas en todo el mundo. Mientras tanto, los agricultores que han adaptado y nutrido las semillas por 12 mil años, están siendo forzados a pagar regalías por patentes y firmar contratos que les prohíben guardar sus propias semillas.


Más información:
Pat Mooney – pat@etcgroup.org – +1-613-241-2267 ext 23 / cell: 1 (613) 240-0045.
Joelle Deschambault – joelle@etcgroup.org – +1-613-241-2267 ext 0
Verónica Villa – veronica@etcgroup.org - +52-5555-632-664

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Descargar el informe
Monsanto/Syngenta: Caracteres siniestros



Monsanto/Syngenta: Caracteres siniestros, De la crisis climática al control corporativo de la agricultura

Submitted on 18 Mayo 2015



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Se habla mucho de la agricultura “climáticamente inteligente”, sin embargo es el dinero inteligente quien está usando la crisis del clima para controlar un espectro aún más amplio de insumos agrícolas.

A menos que los reguladores antimonopolios muestren la autoridad que han escondido las últimas cuatro décadas, la cuestionada operación de $45 mil millones de dólares en la que Monsanto (número 1 global en semillas y número 5 en pesticidas) apuesta por adueñarse de Syngenta, (número 1 en pesticidas y número 3 en semillas) llevará a esas dos empresas a controlar 54% de las ventas comerciales de semillas y una tercera parte del merado mundial de pesticidas.[i] Mientras los reguladores se enfocan en las dos corporaciones agrícolas, los agricultores y nosotros, a quienes nos gusta la comida de verdad, debemos fijarnos en las consecuencias que podría traer esta fusión, al menos en tres aspectos importantes.

Los seis compadres: En primer lugar, el mercado global de semillas y pesticidas está dominado por únicamente seis compañías que, juntas, controlan 75% de los insumos agrícolas. Si una fusión como la de Monsanto-Syngenta se hace realidad, no quedarán más de cinco gigantes — o posiblemente menos — una vez que pase la polvareda, lo que significa que el nivel de concentración en el sector agrario aumentará significativamente.

Si la corporación suiza Syngenta se mantiene firme y sigue rechazando la presión de Monsanto, la empresa de San Louis Missouri podría hacer trato con BASF en Alemania. BASF es la número tres en plaguicidas y ha ido construyendo sigilosamente sus intereses en el sector semillero en los últimos años. Al igual que Syngenta, BASF podría ofrecer a Monsanto un arreglo fiscal muy bueno (o sea, eludir impuestos) si trasladara a Europa su sede. 
En Estados Unidos, Monsanto paga entre 28 y 31 % de sus ingresos en impuestos, mientras que las compañías europeas tienen que desembolsar 15% aproximadamente. Pero no podemos hacernos la imagen completa sin contar con Bayer, DuPont y Dow —tres importantísimas compañías químicas con intereses muy importantes en el sector de pesticidas y fitomejoramiento. No querrán ser testigos mudos. Si cualquiera de las seis empresas adquiere otra, veremos una cascada de fusiones y remates que podrían ocurrir los próximos meses o años. Como si faltara algo, al fondo se encuentra ChemChina, empresa que está buscando convertirse en jugador global.[ii]

Cualquiera que sea el resultado del jaloneo de la compra venta, los agricultores y los consumidores seremos los perdedores. En los últimos meses, la prensa financiera ha reportado una nueva ola de adquisiciones que atraviesan varios sectores de alta tecnología. Además de ahorrarse impuestos, un primer objetivo de las operaciones es reducir la inversión en investigación y desarrollo.[iii] Las grandes compañías históricamente son menos innovadoras que las pequeñas. 
El otro objetivo, más “tradicional” es aumentar su poder de mercado. Entre más grande la empresa es más difícil caer en las manos de los reguladores y es más fácil entenderse con los políticos, razón por la cual gastan tanto más en relaciones públicas y menos en investigación y desarrollo.[iv]

¿Gli-fosfatos? Otro ángulo para analizar estas fusiones es desde la perspectiva de la industria de los insumos agrícolas, donde cada aspecto del proceso implica ahora el uso de bases de datos patentadas, información que va de la semilla a los suelos y los tractores.[v] Cuando en los años setenta las compañías de pesticidas reconocieron las sinergias posibles al aliarse con las semilleras, dejaron listo el escenario para los organismos genéticamente modificados (OGM) tolerantes a herbicidas, protegidos por patentes. 
Hoy prácticamente todas las semillas transgénicas están diseñadas para resistir a los herbicidas, y la integración de esas semillas y los agroquímicos que necesitan es prácticamente universal. Sin embargo, las compañías que controlan el otro gran insumo para el trabajo agrícola, los fertilizantes, no entraron en aquel entonces al frenesí por las fusiones. Los fertilizantes son una mercancía que se vende a granel, a diferencia de la biotecnología para el fitomejoramiento y el desarrollo de pesticidas. 
Tal vez no veamos ahora paquetes de “gli-fosfatos” pero todo camina hacia allá. Las enormes empresas de fertilizantes sienten la presión de los gobiernos y los defensores del ambiente por los cada vez mayores escurrimientos tóxicos hacia los ríos y los océanos, pues menos de la mitad de los fertilizantes que se aplican llegan a los cultivos. Las compañías de fertilizantes protegerán su futuro amarrándose con los otros sectores de insumos.

¿Parcelas inteligentes? En los años recientes Monsanto gastó al menos mil millones de dólares comprando dos compañías de alta tecnología de monitoreo climático. Incluso uno de sus ejecutivos se atrevió a decir que Monsanto podría ser conocida en cinco o diez años como una corporación de tecnologías de la información.[vi] Ahora mismo Monsanto asegura que cuenta con información histórica detallada sobre 30 millones de campos agrícolas en Estados Unidos, con el acercamiento a unidades de 10 x 10 metros. Desde que compró Climate Corp., que usa satélites y naves aéreas para monitorear parcelas y vender seguros para la cosecha, Monsanto incrementó la base de sus clientes gracias a su plataforma “Climate Basic” (clima básico) que cubre más de una tercera parte de toda la tierra agrícola en Estados Unidos e intenta extender su monitoreo a todo el planeta.[vii]

En 2014, la compañía presentó FieldScripts, un “servicio de monitoreo” basado en información del cinturón cerealero de Estados Unidos –un primer paso en las anheladas alianzas con otros sectores de insumos, que incluyen a las compañías de maquinaria agrícola.[viii] Para la siembra de 2014, la compañía de fertilizantes más grande del mundo, Agrium Inc., se asoció con Monsanto para ofrecer la plataforma “Climate Pro” a sus clientes minoristas en Estados Unidos.[ix]

Cuando una sola compañía vende la semilla, sabe la prevalencia de las plagas y vende el plaguicida, sabe además las condiciones locales de los suelos y con ello administra el fertilizante, además de predecir las condiciones del clima y con ello vende el seguro para la cosecha, comienzan a perder sentido las nociones “inter-sectorial” o “anti-monopolio”.

Agro-robot: Existe aún otra perspectiva. Tres grandes empresas, encabezadas por John Deere, controlan 77% del mercado mundial de maquinaria agrícola, con valor de $65 mil millones de dólares.[x] Las tres están desarrollando máquinas robóticas para el trabajo agrícola, diseñadas para dispensar semillas, plaguicidas y fertilizantes y todas están compitiendo por lograr el control metro por metro de las parcelas. En el corto plazo las semillas de Monsanto, los pesticidas de Syngenta y los fertilizantes de Agrium podrían terminar dentro de un tracto-robot de John Deere controlado por drones y desde los satélites comerciales. 
Las empresas de maquinaria agrícola son casi lo doble de grandes que sus aliadas de semillas y plaguicidas. El dinero “inteligente” aconseja que, si hay que apostar, consideremos que tal vez para 2020 las máquinas robóticas dispensadoras de semillas, fertilizantes y plaguicidas dominarán las parcelas. A inicios de mayo, la Administración de Aviación de Estados Unidos (US Federal Aviation Administration) aprobó el uso doméstico de drones, con el tamaño necesario para cargar una “ración” de fertilizante y pesticida. (Dichos modelos pesan solamente 90 kilos).[xi]

“Climáticamente inteligente”: Según los promotores de la llamada “agricultura climáticamente inteligente”, esas son exactamente las tecnologías que los gobiernos van a necesitar si quieren seguridad alimentaria en medio del caos climático. Hacerse de la vista gorda para que se reduzca la competencia es un precio bajo por obtener el dinero de las grandes corporaciones y la inteligencia detrás de investigaciones de alto riesgo. “Climáticamente inteligente” es una noción que lleva unos diez años en el aire, pero básicamente ha sido eso, aire. 
Para el CGIAR, el Grupo Consultivo de Investigación Agrícola Internacional de la Revolución Verde, por ejemplo, lo climáticamente inteligente ha significado poner etiquetas nuevas a investigaciones viejas sobre la resistencia al estrés. Para el sector privado, implica participar del frenesí por las patentes sobre caracteres genéticos para la tolerancia al estrés abiótico (como sequía, calor o salinidad). 
Pero este frenesí es reciente. La enorme atención que por décadas las grandes empresas han puesto en la tolerancia a los herbicidas hizo que descuidaran o ignoraran el desarrollo de caracteres mucho más importantes para la resistencia al estrés, y de hecho han contribuido a erosionar la resiliencia de los cultivos. El cambio hacia los caracteres “climáticamente inteligentes” convierte las fallas de la biotecnología en virtudes (léase ventajas comerciales) y les permite recuperar tiempo perdido. También les ayuda a colocar una batería de técnicas de biotecnología (transgénicos en esteroides) con las que esperan evadir las regulaciones existentes, que sólo se refieren a las semillas transgénicas “convencionales”.

Lo que nos regresa al problema inicial de la fusión Monsanto/Syngenta. Desde los noventa, Monsanto se ha promocionado como una compañía verde de biociencias, que desarrolla cultivos transgénicos para reducir la dependencia a los plaguicidas tóxicos. 
Las variedades de cultivos tolerantes a los herbicidas, se suponía que permitirían a los agricultores a usar menos químicos tóxicos, requiriendo así menos combustibles fósiles. En los meses recientes, sin embargo diversos estudios científicos están concluyendo que no solo las plagas y enfermedades se han vuelto resistentes a las variedades de Monsanto, sino que el herbicida de esa empresa “Roundup” (a base de glifosato), según la Organización Mundial de la Salud, es “probablemente carcinogénico.”[xii] 
Con el estancamiento de las ventas de semillas y el fortalecimiento de las malezas, el intento de Monsanto por apoderarse de Syngenta se interpreta como un movimiento para proteger sus ganancias incorporando una mayor “protección química” para sus variedades. 
Puesto que el éxito del Roundup Ready está llegando a su fin, Monsanto quiere ahora volverse “climáticamente inteligente” y los magos de la tecnología que fallaron con las aplicaciones biológicas se están moviendo hacia las tecnologías de vigilancia. 
Monsanto puede o no asociarse con John Deere, pero todos nosotros, a los que aún nos gusta comer, podríamos perder mucho si no se rompe el monopolio de lo mega monstruos agrícolas.

Mayor información:

Pat Mooney, Director del Grupo ETC

Email: email: mooney@etcgroup.org, Tel: 1 (613) 241-2267 ext. 23; móvil: 1 (613) 240-0045.



Referencias


[i] Toda la información sobre la participación en el mercado puede consultarse en el documento “El carro delante del caballo...” Cuaderno no. 111 del Grupo ETC, de septiembre de 2013. http://www.etcgroup.org/es/content/el-carro-delante-del-caballo-semillas-suelos-y-campesinos


[ii] Pamela Barbaglia y Arno Schuetze, “RPT-Monsanto and Syngenta hire U.S. banks to advise on possible takeover –sources,” Reuters, 7 de mayo de 2015.


[iii] Por ejemplo, Elizabeth Rigby, Andrew Ward y Miles Johnson, “Wellcome Trust raises ‘concerns’ over Pfizer bid for AstraZeneca,” enFinancial Times, 8 de mayo de 2014, que reporta que las actividades relacionadas con las fusiones y adquisiciones de la gran farmacéutica Pfizer han “resultado en una sustancial reducción de las actividades de investigación y desarrollo.” Ver también David Crow, “Actavis caps rise to the big league with $66 billion deal”, en Financial Times, edición de EEUU, noviembre 19 de 2014.


[iv] Ver Richard Anderson, “Pharmaceutical industry gets high on fat profits,” BBC News, 6 de noviembre de 2014:http://www.bbc.com/news/business-28212223.


[v] Ver por ejemplo, Kyle Wiens, “We Can’t Let John Deere Destroy the Very Idea of Ownership,” en Wired, 21 de abril de 2015.


[vi] Tim McDonnell, “Farming in the face of climate change? Monsanto has an app for that,” en Grist, noviembre 20 de 2014.


[vii] Ibid.


[viii] Jack Kaskey, “Monsanto Buying Climate Corp. to Add Big Data for Farmers” en BloombergBusiness, 2 de octubre de 2013:http://www.bloomberg.com/news/articles/2013-10-02/monsanto-tobuy-climate-corp-profit-forecasttrails-estimates.


[ix] Agrium, Inc. Boletín de prensa, “Agrium to Provide Climate Pro Technology to Customers Under Agency Agreement With Monsanto,” 25 de junio de 2014.


[x] Simon Dawson, “Grain price fall hits tractor manufacturers,” en Financial Times, edición de EEUU, 20 de noviembre de 2014 y Neil Munshy, “Tractor makers braced for lean pickings,” en Financial Times, edición de EEUU, 20 de noviembre de 2014.


[xi] Por ejemplo: Agencias, “Drones, nueva apuesta agrícola en EEUU”, 25 de enero de 2015,

http://www.martinoticias.com/content/eeuu-drones-nueva-apuesta-agricola/85115.html

y Scott Smith, “US regulators give farmers approval for 207-pound Yamaha drone helicopter to spray crops,” AP, 5 May 2015.


[xii] BBC, “OMS defiende clasificación del glifosato como posible carcinogénico”, 27 de marzo de 2015.

http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2015/03/150327_ultnot_glifosato_cancerigeno_monsanto_oms_polemica_aw


AdjuntoTamaño etc-communique-seedycharacters-may2015.pdf 141.82 KB

Temas relacionados:
Seeds & Genetic Diversity (es)
Derechos humanos / Derechos de los Agricultores
Relacionados foros:
Food and Agriculture: FAO, CGIAR, CFS
Intellectual property: WIPO, EPO, USPTO
- http://www.etcgroup.org/es

martes, 7 de abril de 2015

OMS ratificó que el glifosato de las fumigaciones puede provocar cáncer


Confirmado: la OMS ratificó que el glifosato de las fumigaciones puede provocar cáncer

22/03/2015 //

“Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin)” y por otra parte el herbicida “también causó daño del ADN y los cromosomas en las células humanas”. De ese modo, la Organización Mundial de la Salud confirmó lo que hace más de una década afirman pueblos fumigados, vecinos en lucha, organizaciones sociales y académicos que no responden al sector empresario. 

Darío Aranda.



Andrés Carrasco y las Madres de Ituzaingó, Córdoba.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), máximo espacio internacional en materia sanitaria, acaba de alertar sobre la vinculación del herbicida glifosato (el más utilizado en el mundo) y el cáncer. Confirmó que existen “pruebas” de que el herbicida puede producir cáncer en humanos y en animales de laboratorio. “También causó daño del ADN y en los cromosomas en las células humanas”, alerta el trabajo científico y detalla que se detectó glifosato en agua, alimentos, y en sangre y orina de humanos. El glifosato se utiliza de manera masiva en soja y maíz transgénicos (entre otros cultivos) y desde hace más de diez años es denunciado por organizaciones sociales, campesinas, médicos y científicos independientes de las empresas.
300 millones de litros

En Argentina se aplica glifosato en más de 28 millones de hectáreas, volcando a los suelos más de 300 millones de litros de glifosato cada año. Los campos de soja transgénica, maíz y algodón son rociados con el herbicida para que nada crezca, salvo los transgénicos. También está permitido su uso en cítricos, frutales de pepita (manzana, pera, membrillo), vid, yerba mate, girasol, pasturas, pinos y trigo. A partir del avance transgénico, aumentó geométricamente el uso del glifosato, desarrollado y comercializado inicialmente por Monsanto desde la década del ’70, aunque en el 2000 se venció la licencia y en la actualidad lo producen un centenar de empresas.

A medida que crecía la siembra de transgénicos, y mayor era el uso de agrotóxicos, se sumaban las denuncias por daños a la salud la salud. Caso emblemático de Argentina es el de las Madres del Barrio Ituzaingó Anexo en Córdoba, que incluso llegó a juicio penal con condenas para el productor y el fumigador. Y también se sumaron los estudios científicos que daban cuenta de abortos espontáneos, cáncer, malformaciones y afecciones agudas, entre otras consecuencias.
OMS

La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) es un ámbito especializado de la Organizaciones Mundial de la Salud (OMS). Luego de un año de trabajo de 17 expertos de once países, el 20 de marzo emitió un documento inédito: “Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin)”. Detalla que la evidencia en humanos corresponde a la exposición de agricultores de Estados Unidos, Canadá y Suecia, con publicaciones científicas desde 2001. Y destaca que el herbicida “también causó daño del ADN y los cromosomas en las células humanas” (situación que tiene relación directa con el cáncer).

El IARC-OMS recuerda que, en estudios con ratones, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos había clasificado al glifosato como posible cancerígeno en 1985 pero luego (1991) modificó la calificación. Los científicos del IARC consideran que, desde la reevaluación de la EPA hasta la fecha, hubo “hallazgos significativos y resultados positivos para llegar a la conclusión de que existen pruebas suficientes de carcinogenicidad en animales de experimentación” y afirman que estudios en personas reportaron “incrementos en los marcadores sanguíneos de daño cromosómico” después de fumigaciones con glifosato.

El documento se llama “Evaluación de cinco insecticidas organofosforados y herbicidas”. Fue publicado en la sede del IARC en Lyon (Francia) y remarca que las evaluaciones son realizadas por grupos de “expertos internacionales” seleccionados sobre la base de sus conocimientos y sin conflictos de interés (no puede tener vinculación con las empresas). Publicaron un resumen de dos carillas y en breve estará el detalle en el denominado “Volumen 112 de las Monografías del IARC”.
En sangre y orina

La organización internacional recuerda que el glifosato es el herbicida de mayor uso mundial. Se utiliza en más de 750 productos diferentes para aplicaciones agrícolas, forestales, urbanos y en el hogar. Su uso se ha incrementado notablemente con el desarrollo de variedades de cultivos transgénicos y precisa que el agroquímico “ha sido detectado en el aire durante la pulverización, en agua y en los alimentos”. Y reconoce que la población “está expuesta principalmente a través de la residencia cerca de las zonas fumigadas”. Precisa que el glifosato se detectó en la sangre y la orina de los trabajadores agrícolas.

Con la nueva evaluación, el glifosato fue categorizado en el “Grupo 2A”, que significa en parámetros de la Organización Mundial de la Salud: “Probablemente cancerígeno para los seres humanos”. Esta categoría se utiliza cuando hay “pruebas limitadas” de carcinogenicidad en humanos y “suficiente evidencia” en animales de experimentación. La evidencia “limitada” significa que existe una “asociación positiva entre la exposición al químico y el cáncer” pero que no se pueden descartar “otras explicaciones”.

El IARC-OMS trabaja sobre cinco categorías de sustancias que tienen relación con el cáncer. El “Grupo 2A” es la segunda categoría en peligrosidad, sólo superada por “Grupo 1”, donde se ubican, por ejemplo, el asbesto y la radiación ionizante. “Por la nueva clasificación, el glifosato es tan cancerígeno como el PCB (compuesto químico que se usaba en los transformadores eléctricos) y el formaldehido, ambos miembros del Grupo 2A en cuanto su capacidad de generar cáncer en humanos”, explicó Medardo Avila Vazquez, de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados.
“Se debe prohibir”

La publicación de la Organización Mundial de la Salud fue bien recibida por las organizaciones sociales y científicos independientes (no vinculados a las empresas). Aunque también coincidieron en que la OMS tardó demasiado en reconocer los efectos del glifosato. “Es necesario saludar al IARC y a la OMS por ponerse al día con las investigaciones científicas. Es muy importante esta publicación, habrá un antes y un después, ya que fortalece la posición de los que venimos reclamando a las academias y a los responsables políticos la aplicación y plena vigencia del principio precautorio (tomar medidas urgentes para proteger a la población”, reclamó Damián Verzeñassi, de la Cátedra de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario. “La OMS lo admitió, ya no pueden quedar dudas, el problema es mucho mayor de lo que se dice. El glifosato ha seguido el mismo camino que el endosulfan, el DDT, el cigarrillo y el Tamiflu”, explicó el investigador de la UNR.

Raúl Horacio Lucero, biólogo molecular e investigador de la Universidad del Nordeste, llamó a aplicar de manera urgente el principio precautorio vigente en la ley: “Se debe prohibir ya la comercialización y aplicación de este veneno”. También lamentó la demora de la OMS: “Si nos hubieran escuchado hace diez años se hubieran salvado muchas vidas”.
Otros agrotóxicos

El IARC-OMS también evaluó al malatión (herbicida) y al diazinón (insecticidas) como probable cancerígeno para los humanos (Grupo 2A, al igual que el glifosato). Los insecticidas tetraclorvinfos y paratión fueron clasificados como posiblemente cancerígeno para los seres humanos (Grupo 2B, con pruebas convincentes de que estos agentes causantes de cáncer en animales de laboratorio). Para el Malathion determinaron la vinculación con daño en el ADNI humano y tumores en roedores.
Monsanto

La empresa Monsanto, creadora del glifosato (bajo la marca Roundup) y principal señalada por la denuncias de perjuicios a la salud, siempre defendió su agroquímico en base a la clasificación de la OMS. La gacetilla institucional, que aún está en el sitio de Internet, llamado “Acerca del glifosato”, resalta que la OMS lo ubica como “producto que normalmente no ofrece peligro” y remarca en negrita un trabajo de 2004 en el que la OMS lo calificaba como “no cancerígeno”.

Monsanto siempre utilizó los argumentos de la OMS. Pero ayer cambió de opinión: “La IARC ha estado bajo críticas tanto por su proceso como el sesgo que ha demostrado”. La compañía acusó a la agencia de la OMS de que su conclusión no es exhaustiva, la considera “sesgada” y la acusa de no basarse en “ciencia de calidad”. Advirtió que ya entró en contacto con la OMS para solicitar una revisión del trabajo.

El comunicado de la mayor corporación del agro mundial sostiene que la clasificación de la IARC-OMS “no se apoya en datos científicos”. Alcanza con ver el documento oficial de la Agencia Internacional para la Investigación contra el Cáncer (IARC) para contabilizar al menos 16 trabajos científicos que confirman los efectos de los agroquímicos. Se citan investigaciones de 1985 hasta de 2015. No figuran los trabajos de David Saltamiras ni de Gary Williams, dos científicos que suelen atacar todo argumento académico contrario a los transgénicos y a los agroquímicos. No es casual: Saltamiras y Williams son empleados de Monsanto y por eso sus trabajos no figuran en la evaluación de la OMS.

Monsanto fue la creadora y mayor comercializadora de glifosato. En el 2000 venció su licencia, lo que abrió pasó a que otras empresas lo produzcan. En Argentina producen el herbicida las compañías Syngenta, Basf, Bayer, Dupont, Dow Agrosciences, Atanor, YPF, Nidera, Nufarm, Red Surcos, Vicentín y Sigma Agro, entre otras.
Carrasco tenía razón

Según estadística de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe), que reúne a todas las grandes empresas de agroquímicos, en 1996 (cuando se aprobó la primera soja transgénica) se usaban en Argentina once millones de litros de glifosato. En 2012 se vendieron 182 millones de litros de glifosato. Desde hace tres años que Casafe no hace públicas las estadísticas de uso. Sí lo actualizó la Red de Médicos de Pueblos Fumigados. Afirma que en los campos argentinos se arrojan 320 millones de litros de glifosato por año y trece millones de personas en riesgo de ser afectadas por el químico.

Andrés Carrasco, jefe del Laboratorio de Embriología Molecular de la Facultad de Medicina de la UBA e investigador principal del Conicet, confirmó en 2009 que el glifosato producía malformaciones en embriones anfibios, incluso en dosis hasta muy inferiores a las utilizadas en el campo. En 2010 publicó su trabajo en la revista científica estadounidense Chemical Research in Toxicology (Investigación Química en Toxicología). Debió enfrentar una campaña de desprestigio por parte de las empresas, de sectores de la academia y de funcionarios políticos, como el ministro de Ciencia, Lino Barañao. “Los transgénicos y los agrotóxicos en Argentina son un experimento masivo a cielo abierto”, solía advertir en disertaciones y entrevistas. Carrasco, fallecido en mayo de 2014, afirmaba que la mayor prueba de los efectos de los agrotóxicos no había que buscarlas en los laboratorios, sino ir a las comunidades fumigadas.

Raúl Horacio Lucero, investigador chaqueño, le escribió ayer un correo a este periodista: “¿De qué se disfrazarán ahora los expertos del Conicet que tanto atacaron a Andrés Carrasco?”.

Viviana Peralta de San Jorge (Santa Fe), Laura Mazzitelli y Elio Servín de La Leonesa (Chaco), Fabián Tomasi y Don Julio Ariza (Entre Ríos), Miriam Samudio de Puerto Piray (Misiones), Sofía Gatica y María Godoy del Barrio Ituzaingó (Córdoba), María Cristina Monsalvo y Víctor Fernández (de Alberti, Buenos Aires). Una mínima muestra de quiénes denuncian desde hace años los efectos de los agroquímicos. Fueron, la mayoría de las veces, desoídos y maltratados por el poder político, judicial y mediático.

La Organización Mundial de la Salud comenzó a reconocer que los vecinos de a pie tenían razón.
El glifosato es cancerígeno "probable", según la OMS
Escuchar (10:31)



Una avioneta fumigando cultivos de maíz transgénico
DR
Por Ivonne Sánchez

La Agencia del cáncer de la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó recientemente al glifosato de cancerígeno “probable” para el hombre. El glifosato es el principio activo del herbicida Round up creado por Monsanto, el herbicida más utilizado en el planeta, tanto en la agricultura como en la jardinería, pero también en la lucha contra las drogas en la selva y bosques, como en el llamado Plan Colombia.


Es la primera vez que una institución oficial como la Agencia internacional de investigación sobre el cáncer (IARC) califica de cancerígeno al glifosato. La agencia del cáncer, dependiente de la Organización Mundial de la Salud, ha llegado a esta conclusión luego de un año de trabajo de un grupo de 17 expertos internacionales de 11 países, entre ellos, Chile y Nicaragua. El doctor Dana Loomis de la agencia de Cancer explica: “El grupo de trabajo… ha hecho una revisión exhaustiva de todos los estudios disponibles del cáncer sobre los animales en laboratorio, estudios epidemiológicos sobre personas expuestas al glifosato, también los estudios toxicológicos sobre los mecanismos del cáncer…..la agencia utiliza un proceso muy riguroso de revisión con los mejores expertos del mundo, sin conflicto de intereses”.

Una buena noticia para las asociaciones ecologistas que llevan años denunciando los efectos nocivos del glifosato, como Maria Pelletier, presidenta de Générations Futures: "Esta clasificación valida al mismo tiempo varios estudios, incluyendo el estudio llevado a cabo por el equipo del profesor Gilles Eric Seralini … lo que ahora tienen que hacer los diferentes Estados de mundo es prohibir la utilización de tal producto”.

Sri Lanka es el único país en el mundo que por el momento tiene prohibido el uso del glifosato. Pero se espera que otros países sobre todo Argentina, Paraguay, Brasil, países donde hay mucho cultivo de transgénicos, tomen la misma decisión. Así lo piensa la periodista francesa Marie Monique Robin quien hace unos años denunció los peligros del glifosato en su libro y documental "El mundo según Monsanto". Ella también da la bienvenida a esta clasificación: “Esta organización que depende de la OMS tuvo mucho coraje para pronunciar esta decisión y declarar lo que se sabe desde hace mucho tiempo, que le glifosato es un producto altamente tóxico y cancerígeno”.

Además de que el glifosato es cancerígeno probable, puede ser un perturbador endocrino. Otro debate es la utilización del glifosato en la lucha contra las drogas, como en el llamado Plan Colombia, donde aviones fumigan con glifosato las selvas y los bosques para destruir los cultivos ilícitos contaminando los ecosistemas y cosechas de estas tierras.

El grupo Monsanto por su parte, fabricante del Round up, expresó su desacuerdo con las conclusiones de la agencia internacional de investigación sobre el cáncer. Hay que recalcar que en el 2000 la patente de Monsanto expiró, por lo que muchos otros fabricantes sobretodo en China elaboran este producto.

Entrevistados: Dr. Dana Loomis, de la Agencia Internacional de investigación sobre el cáncer, Maria Pelletier de Générations Futures y Marie Monique Robin, autora del libro y documental “El mundo según Monsanto” y también de otro documental “Nuestro veneno cotidiano”, sobre cómo los herbicidas no son bien reglamentados.